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Lodosity

Lodosity son las coloridas creaciones hechas con los famosos, populares y conocidos juguetes infantiles que de otro modo servirían para desarrollar la habilidad y creatividad infantil. Estos ladrillos educativos son el inocuo material con el que Jorge Gonzales San Miguel alguna vez entretuvo sus solitarias tardes infantiles y que ahora, revisitados y reciclados, se convierten en una divertida raza de humanoides sexuados llenos de tanta inocencia como información, igual que las eufemísticas fábulas sobre animalitos que los padres usan para hablar con sus hijos de "cómo llegan los niños al mundo".
Eufemísticas son estas figuras en su aparente sencillez, cómodamente cobijadas en los tonos más básicos de los colores más conocidos. La impresión inicial tarda meros nanosegundos en ir de un "Ah!" a un "Ah?", de una sonrisa a un entrecejo fruncido, igual que cuando un niño (un púber o un adolescente) pregunta sobre lo que pasa ahí abajo.
Esta suerte de clan de amigos imaginarios aparecidos subrepticiamente en el cajón de juguetes de un infante curioso (ambas palabras sinónimos por antonomasia), son -dependiendo de nuestra educación, costumbres, prejuicios, inteligencia, sexualidad, nacionalidad, etc.- una punta de iceberg, un caballo de Troya, un lobo feroz vestido de Caperucita, una piedra en el zapato, o cualquier otra figura incómoda en lugar de ser lo que son: simple, llana y sencillamente un tema de conversación. Tema de una conversación que se evita, se pospone, se disimula, se tergiversa, se saltea, se niega o lo que fuera con tal de no pronunciar palabra alguna sobre la causa de la superpoblación mundial.
Las pequeñas y precisas esculturas de Lodosity invocan en su nombre colectivo esa extraña dualidad que suele acompanar al sexo y todo lo relacionado con él: un evidente, natural y saludable caracter lúdico junto a un dark side que sólo puede disfrutarse culposamente, gozo casi involuntario de potencial penalización que fuera tan genial y divertidamente retratado por John Waters en "A dirty shame". Como Waters, Gonzales San Miguel sabe que el sexo es hasta la fecha un ridículo tabú, un generador de notoriedad mediática, sonrisas incómodas y ganancias en taquilla en igual o mayor medida que la abundancia de embarazos adolescentes, el creciente e indiscriminado aumento en la transmisión del VIH o la campeante pedofilia cibernética.
Los muñecos de Gonzales San Miguel podrían haber sido la perfecta utilería de la mencionada película, ya que al igual que los "pervertidos sexuales" de la historia, estos diminutos y traviesos hombrecitos se regodean "sanamente" explorando una variada variedad de apetencias sexuales tan cercanas a las andanzas de Carrie Bradshaw y compañía como a las exploraciones underground de John Cameron Mitchell, ambas no en vano perpetradas en la urbe que, supuestamente, está más al día con lo in. Y es precisamente la procedencia (de pequeñas y mojigatas periferias) lo que hermana a los personajes de "A dirty shame" y Lodosity en una narración "de corazón generoso y mente sucia"* sobre los beneficios de explorar esas incómodas comezones que por lo general no encuentran válvula de escape -valga la redundancia- en medio del ajustado corsé de la vida diaria.
Mientras la violencia siga siendo más admisible que el sexo en el cine, mientras el planeta siga sufriendo los efectos de todos aquellos que no reciclan, mientras sigan ocurriendo todas esas cosas que hacen de este, nuestro mundo, un lugar tan peculiarmente adorable, lo invito a convertir su personaje favorito de Lodosity en imagen del escritorio de su ordenador. Además de dulce compañía, tendrá un interesante tema de conversación.
Jano Cortijo
*tomado de la sinopsis de la hostoria disponible en el sitio web de la pelicula